El viaje que hacemos Harry yo por Alemania, comienza con nuestro traslado desde el aeropuerto de Frankfurt hacia una pequeña ciudad que pertenece a la zona de Bavaria: Kleinhaubach.
En el trayecto leo a Harry párrafos del libro de Amos Eilon, “Requium Alemán”, que relata la trayectoria de judíos alemanes en su intento de introducirse en el mundo literario, musical, bohemio desde 1743 y hasta 1933 de Alemania. Voy tratando de encontrar entre sus líneas algún punto de luz que me ayude a comprender por qué no lo logran y es aquí en este libro donde encuentro, sí, el comentario de un filósofo alemán, Johann Fichte, que dice: “Hay que decapitar al judío y colocarle una cabeza nueva sin ideas judías, que el pueblo alemán conquiste el pais de los judíos y los expulse de allí”.
He traído conmigo un pequeño libro donde se encuentran los datos referentes e historia de la familia Wetzler, que vivió en Kleinhaubach de forma continuada desde el siglo XVII hasta finales de los años 30 del siglo pasado.
Transcurrida una hora de viaje, llegamos a la pequeña ciudad que se encuentra a orillas del rio Main.
Nuestros anfitriones, el Sr. Alf Dieterte y su esposa Lisa, nos reciben con reales muestras de honor y calidez y dispuestos a facilitarnos todo aquello que podamos necesitar, lo que nos da la pista de que están acostumbrados a recibir y atender a judíos que vienen a conocer y recoger todo dato que pueda finalmente unirlos a sus raíces.
Kleinhaubach, esta pequeña ciudad es una de las que permitió a los judíos desarrollar sus vidas y actividades de manera regular al lado de sus vecinos alemanes y de otros orígenes, incluido el aspecto religioso. Aún así, durante la “Noche de los Cristales”, noviembre de 1938, también aquí fue incendiada la sinagoga del lugar.
En general, Alemania es hermosa, sus ríos, sus bosques, sus extensos lugares verdes trasmiten una sensación de placentera belleza.
En el segundo día de nuestra visita, el Sr. Dieterte nos lleva en su automóvil al antiguo cementerio judío donde se encuentran los restos de mis antepasados alemanes. El camino me brinda un panorama de un valle donde priman colores entre verdes y marrones, y en los arcenes, árboles cuyas ramas son vencidas por el peso de sus frutas de intenso colores carmesí. El espectáculo hace que piense que, inesperadamente, el paraíso puede estar aquí y, con mis deseos de fotografiar, me vienen a la memoria palabras que pronunciaba una joven en el evento que filmé con motivo de Tisha Ve Av, (conmemoración de la destrucción del Templo de Jerusalem), en Kiriat Tivon: “¿Y si cedieramos a la seducción de la diáspora???”
Y la respuesta está clara para mi. Sí, mi hogar no está aquí.